El cuidado en residencias de mayores está viviendo una transformación significativa, con un enfoque creciente en el bienestar integral de los residentes y una atención personalizada que respeta su autonomía y dignidad. En este contexto, nos acercamos hoy hasta uno de esos centros que apuesta por la calidad de vida de los mayores: la residencia Madre de la Veracruz de Salamanca, creada por las Mercedarias de la Caridad y los Padres Mercedarios, gestionada por Aliados por la Integración, y dirigida por Ricardo Lázaro.

Con siete años de experiencia en este cargo, Ricardo Lázaro analiza en esta entrevista sus funciones diarias, los retos que ha afrontado en este tiempo y los avances logrados en la implementación de modelos de atención centrados en la persona. Además, describe las características que hacen única a esta residencia y cómo su equipo está trabajando para eliminar las sujeciones, añadiendo un valor significativo al cuidado de los residentes.

Ricardo Lázaro, en su despacho de la residencia.

¿Cuáles son las funciones que asumes como director de la residencia de mayores?

Mi principal función es asegurar que el centro funcione correctamente y que los residentes tengan una buena calidad de vida. Esto incluye la organización de todos los departamentos (fisioterapia, terapia ocupacional, limpieza, cocina, enfermería, auxiliares de geriatría), gestión de recursos humanos, atención a residentes, familiares y trabajadores y resolución de problemas, entre otras tareas.

¿Qué dirías que es lo mejor de tu trabajo o aquello que te genera mayor satisfacción?

Sin duda, la mayor satisfacción es ver a los residentes felices, contentos y desarrollando su proyecto de vida. También me complace ver a los trabajadores desempeñando sus funciones con gusto, implicación y que entre todos seamos capaces de generar un buen ambiente de trabajo.

En estos 7 años, ¿Cuáles son los mayores retos a los que te has enfrentado?

Sin duda, la pandemia representó el momento más duro de mi vida profesional. Intentaba ser fuerte para transmitir seguridad a mis compañeros de trabajo, aunque hubo momentos muy difíciles. Nos sentimos desbordados, como todas las residencias teníamos dificultades para acceder a material y equipos de protección individual (EPIs) para trabajar. Había mucho miedo y carecíamos de conocimientos sobre cómo actuar. Lo positivo que me llevo es el aprecio por el valioso equipo de trabajo que tengo a mi lado. Me atrevo a decir que no hay equipo de trabajo como este. Se implicaron y lucharon demostrando que este trabajo es vocacional. Además, los mercedarios nos ayudaron mucho, brindándonos apoyo en todos los sentidos.

¿Qué aspectos dirías que valoran más las familias a la hora de elegir una residencia?

Salamanca es una ciudad muy pequeña. Las familias vienen por la buena fama que tiene la residencia en la ciudad. Al final, el boca a boca influye mucho. Y en esa valoración positiva de la que afortunadamente gozamos influyen numerosos aspectos, como la calidad y profesionalidad del personal, la atención que brindamos, las instalaciones modernas y seguras, el amplio programa de actividades recreativas y terapéuticas que ofrecemos, y el ambiente familiar y acogedor que se respira en el centro. También es fundamental la transparencia en la gestión y la comunicación constante con las familias, lo que les proporciona tranquilidad y confianza en el cuidado de sus seres queridos.

Equipo residencia Madre de la Veracruz.
Ricardo -segundo por la izquierda en la parte inferior- junto a parte del equipo de la residencia.

¿Cuáles dirías que son las características que hacen especial a la residencia Madre de la Veracruz?

La característica principal de este centro es el trato impecable al residente y hacerle partícipe en todo momento en su proyecto de vida. Seguimos un modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP), basado en su historia de vida, fomentando su autonomía al máximo y promoviendo el contacto con la comunidad.

Estáis inmersos además desde hace tiempo en un programa para eliminar las sujeciones. ¿En qué punto se encuentra y qué valor dirías que aporta?

Ha sido un programa largo y de mucho trabajo. Hemos tenido que proporcionar mucha formación a todos los trabajadores y trabajadoras, dialogar mucho con los familiares y explicarles que el no usar sujeciones ofrece muchos más beneficios y es más digno para el residente. Es más difícil para nosotros, pero es un bien para los residentes. ¿Quién de nosotros querría estar “atado” cuando seamos mayores? Si todos nos formulamos esta pregunta, todos responderíamos con una negativa absoluta. Es verdad que todo el proceso representa un reto, que hay que estudiar cada caso de manera individual y tratar de encontrar las soluciones adecuadas, pero debemos entender que forma parte de esa nueva manera de cuidar. Hay que cambiar la mentalidad y nosotros lo estamos consiguiendo. Estamos muy cerca de ser un centro libre de sujeciones. Solo nos quedan 12 barandillas en las camas por retirar. El resto (cinturones, muñequeras, etc.) ya no existen. En 2018, cuando empezamos el programa, teníamos unos 70 cinturones y a día de hoy, cero. Y prácticamente los 116 residentes tenían barandillas. Hoy, como hemos dicho antes, solo nos quedan 12.

Desde tu punto de vista, ¿estamos ante una manera distinta de envejecer?

Sí, sin lugar a dudas. Es una manera distinta de envejecer y una forma de cuidado mucho más avanzada y centrada en la persona. La clave de este cambio reside en la formación continua y en la implementación de prácticas que priorizan la dignidad y autonomía de los mayores. Contar con un equipo de trabajo altamente cualificado, comprometido y motivado es fundamental para ofrecer una atención integral que respete las preferencias y necesidades individuales de cada residente. Este enfoque no solo mejora la calidad de vida de los mayores, sino que también promueve un entorno más humano y adaptado a los desafíos actuales del envejecimiento.